lunes, 6 de junio de 2011

Almas fracturadas

La palabra no es siempre la hermana gemela de la acción


JACQUES SAGOT jacsagot@gmail.com 03:36 P.M. 15/04/2011

Tenía yo 12 años cuando una campaña de evangelización se instaló en el pueblo. Nos despertaban todos los días con el Ave María de Schubert. Fui llevado a confesión. Oculto tras la ventanita del confesionario el padre, respirando agitadamente, me preguntó: “¿Has hecho ya actos impuros con tu cuerpo?”

Presentado ante el sacristán que seleccionaba las voces de los niños del coro, el santo varón me sentó sobre las rodillas y me dijo al oído: “¡Qué lindo angelito el que tenemos aquí! Decime una cosa: ¿ya se te para la pirinola?”

Antes de la consummatio de mi matrimonio, fui obligado a tomar un curso sobre el significado del sacramento en cuestión. En sesión previa a la ceremonia, el padre me acribilló de preguntas: “¿Has tenido ya relaciones sexuales con tu futura esposa? ¿Cuán a menudo? ¿La has poseído de manera antinatural? ¿Has practicado la fellatio, elcunilingus o el analingus? ¿El sexo grupal? ¿Posiciones sancionadas por las Escrituras?”. Sudaba profusamente. Poco o nada me dijo sobre el sacramento. Recuerdo que me declaró “muy ignorante de la palabra del Señor” y me impuso como penitencia cinco misas.

El cura que fue designado para mi boda, puesto en mientes de nuestra no inmediata intención de tener hijos, juzgó que nuestro matrimonio no iba a cumplir con el mandato de poblar “las huestes del Señor”. Lo celebró, por fin, a instancias de mis parientes, y ello a regañadientes. Años después, durante una gira al Vaticano donde su coro cantó para Juan Pablo II, el padre inició oficialmente a uno de los coristas en la homosexualidad. Que el hotel, que la tensión del viaje, ustedes saben: el cuento del “vení dame un masajito”.

Conozco pocos curas. Hoy he pasado revista a casi todos ellos. Cinco son homosexuales. Otros están acusados de pedofilia y constituyen causescélèbres en Costa Rica. Uno de ellos estuvo en prisión durante tres años por estafa y aun más sórdidas maniobras. Dos arzobispos lo encubrieron. En Estados Unidos hay actualmente más de 150 sacerdotes encausados por delitos sexuales.

Nada censuro en la homosexualidad, salvo el doble discurso de los que la condenan y practican en “sus momentos de ocio”.

Conozco a buenos curas, hombres admirables: el padre Hernández, que fue mi profesor en la escuela primaria, el que me enseñó a rezar, algo que valoro más que lo que todos los otros maestros me dieron. El pastor Ricardo Foulkes –la nobleza misma– colega pianista, además de teólogo sapientísimo. El padre Lesera, de Cartago, viejo sabio cuya palabra luminosa me ha hecho sentir tan próximo a la Verdad como puede uno estarlo. Y muchos más los hay. ¡Que lástima, que la palabra no sea siempre la hermana gemela de la acción! El sacerdocio requiere una madera espiritual especialmente trabajada: recia y tierna a un tiempo; enérgica y clemente a la vez. Pero, por encima de todo, coherente: vivir según la palabra que ha proclamado sagrada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario