lunes, 6 de junio de 2011

Amor y salud

JACQUES SAGOT jacsagot@gmail.com 05:56 P.M. 08/10/2010

La salud es un don. Un acto de dación. ¿De quién? No lo sé. Un punto de equilibrio en la unidad psico-física del hombre. Un abrir y cerrar de ojos entre dos quebrantos. Una larga, reciente hospitalización me ha puesto una vez más ante lo esencial humano: hombres que, al recibir una mala noticia, lloraban desconsolados como niños, ateos que reencontraban la fe, algunos a los que les daba por reír, otros que no aceptaban el diagnóstico, uno por ahí que se enojó con el doctor. Pero lo más patético era ver a los que, un minuto atrás, fanfarroneaban de su ateísmo, transfigurarse, como por ensalmo, en profetas alucinados: los evangelistas de la sala.

¡Cuán profundamente cambia un hombre ante la inminencia de la muerte! ¡Cómo se derriten todas aquellas cosas que juzgáramos importantes! ¡A qué punto se puerilizan! Emergen solo un puñado de cosas prioritarias: aquellas que hubieran debido ocupar la totalidad de nuestras vidas, pero cuya importancia descubrimos tardíamente. La belleza, la justicia, la solidaridad, la lealtad, para todas ellas una sola palabra: amor. Víctor Hugo lo dijo: “vivir es amar”, y en otro de sus poemas: “no tengo más que una misión en este mundo: amar”.

El amor es parte integral de la salud. Un hombre que no ama es un hombre enfermo. Tal vez no lo enseñaron a hacerlo, tal vez le dio miedo, tal vez procede de modelos familiares tan llenos de desamor y de violencia, que se desprogramó para hacerlo, tal vez alguien le robó su fe en el amor' pero sea cual sea la razón, está enfermo. Ha levantado puertas de metal con dobles aldabas, torres, llenas de vigías' una fortaleza inexpugnable: ahí nadie entra.

Vi a uno de ellos en el hospital. Durante las horas de visita se volvía hacia la ventana y se subía la cobija hasta las orejas. Solo soportaba la proximidad de los enfermeros. Cuando le dieron de alta, se limitó a desearnos buena suerte y salir, torvo, grisáceo, envuelto en sus cobijas.

Amar es parte de la salud integral de un ser humano. Más importante es saber amar que ser amado. Cualquier pelele puede hacerse amar, pero no cualquier pelele sabe amar.

Yo, ahí, rodeado de mis enfermos' A pesar de las diferencias de las lenguas, terminamos por tenernos cariño. Cuando alguno volvía del quirófano, lo recibíamos con vítores. Enfermos pero no de desamor.

Cuando salí, sentí cierta nostalgia. No nos volveríamos a ver. Así es la vida: va creando pequeñas constelaciones humanas que deshace para nunca reconstruir. Un mes enfermos bajo el mismo techo. La muerte no es un abismo: es un promontorio: es desde ella que que mejor entendemos la vida.

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