lunes, 6 de junio de 2011

Nuevas greguerías a la Mujer

JACQUES SAGOT proa@nacion.com 05:07 P.M. 16/07/2010

La mujer me dio la vida. La mujer me dio el deseo de vivirla. La mujer me protegió de todo lo que contra mi vida conspirara. De todo, salvo de mí mismo.

A los veinte años: “tú eres la mujer de mi vida”. A los cincuenta años: “tú eres la mujer de mi muerte”. A los ochenta años: “ella era mi mujer”. A los noventa años: “¿quién es la señora en la foto?” .

Entérense, señoras: los hombres no se dividen en varones virtuosos y feroces depredadores. Existen solo depredadores eficaces y depredadores inoperantes. Lo propio de estos últimos es querer hacer pasar su incompetencia por virtud.

Las mujeres son bellas, bellas, bellas' y acaso el único antídoto contra la muerte.

Es lamentable que ya para cuando entendemos el concepto del amor nuestra sensibilidad erótica esté tan irreversiblemente marcada por los cánones estéticos de la belleza física. Ya no buscamos el amor, sino un punto de coincidencia.

Y es ahí donde amor y deseo se tornan con frecuencia ajenos el uno al otro. Los cánones estéticos nos deberían ser enseñados al mismo tiempo que el amor.

El momento más bello del mítico strip-tease de Salomé no es la desnudez, sino ese instante mágico que precede a la caída del sétimo velo.

Medusa, Gorgona, Dalila: nuestras torpes maneras de decir cuánto las queremos' y les tememos.

Esencialmente, el hombre y la mujer solo se encuentran una vez en la vida.

¡Inteligencia, belleza y poder de concepción! No era posible: eso había que reprimirlo. Y reprimirlo es lo que hemos hecho durante milenios. Pero cuidado compañeros' las cosas comienzan a cambiar.

La mujer se ha cansado de “ser poesía”. Ya va siendo hora de que la poesía se haga también poeta. En la terrible relación del carcelero y la prisionera, tanto ha sufrido el primero como la segunda. Solo que él no se ha dado cuenta.

“En un jardín te he soñado, Guiomar, alto, con verjas de hierro frío”. Sí, sí, muy lindo, don Antonio, pero no olvide que, bien que mal, su jardín es una cárcel, y que ya va siendo hora de quitar esos barrotes “de hierro frío”.

“Poesía eres tú”: ahí va otro lírico. No: poesía somos todos, lo que pasa es que el hombre secuestró la palabra y solo él decreta quién es y quién no es poesía.

Ellas no nos complementan: nos contienen. Entre las raíces y el follaje de un árbol siempre preferiré las primeras. Lo sagrado no es aquello que no se toca, sino lo inexpresable: mamá.

Nota: La greguería es un género aforístico creado por Ramón Gómez de la Serna.

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